cartel-especismo

 A lo largo de la historia, la necesidad de definir diferentes realidades sociales,  ha  propiciado la aparición de nuevos términos en nuestro vocabulario. Si hablamos de sexismo, todo el mundo sabe que nos referimos a la discriminación de un individuo en función del sexo al que pertenezca. Si hablamos de racismo,  sabemos que el término alude a la discriminación por pertenecer a una raza determinada. Sin embargo, ¿conocemos la palabra  que se refiere a la discriminación por pertenecer a una determinada especie? Hablamos del ESPECISMO.

 La palabra  especismo surge por primera vez en 1970, en el libro del psicólogo Richard D. Ryder “Animals, Men and Morals: An Inquiry into the Maltreatment of Non-Humans”, donde lo define como una discriminación moral basada en la diferencia de especie animal. Más adelante, este término también será empleado por otros autores como el conocido Peter Singer.

 Desde hace décadas, la concienciación social hacia el  trato que reciben los animales, va en aumento. Cada vez somos más los defensores de tratar a los animales no humanos de forma digna e igualitaria, de  concederles la consideración moral que les corresponde, el derecho a no ser matados, maltratados, y a ser respetados. Es necesario acabar con la idea de que  los animales son meros recursos y su existencia  radica en satisfacer las necesidades de los humanos.

 En nuestra sociedad aun predominan las ideas de  Descartes, en las que presentaba a los animales como autómatas sin alma  y sin conciencia, aunque se haya demostrado que  la mayoría de animales no sólo tienen conciencia, sino que tienen intereses, deseos propios y sienten empatía por otros congéneres. El principal motivo por el que se nos inculca la idea de nuestra superioridad frente a otros seres, reside en un mero interés propio, ya que otorgarles a los animales no humanos un estatus moral y reconocer sus derechos, va en detrimento de la ambición y la avaricia humana. Aceptar esta premisa nos impediría moralmente seguir explotándolos, matándolos para comer, mantenerlos enjaulados por diversión, vestirnos con su piel, experimentando con ellos, etc.  Para los animales humanos, lo fácil es mantener una visión utilitaria y negar la capacidad de cognición del resto de animales y así seguir  beneficiándose  a costa de ellos.

 Son numerosos los argumentos que emplean los especistas para justificar la  esclavitud  a la que son sometidos los  animales, pero dos de los más comunes son la incapacidad de éstos de razonar y/o de hablar. Sin embargo, está científicamente demostrado  que animales como algunos primates, loros o cetáceos tienen una capacidad cognitiva similar a la de un niño de dos años. Mientras que por otro lado, hay humanos que por diferentes circunstancias carecen de esta capacidad, y no por ello los privamos de derechos. En lo referente al habla, los animales no humanos se comunican entre sí mediante distintos medios en función de su especie;  que no hablen, no significa que no tengan un lenguaje propio o que no se comuniquen.  A día de hoy, con todo el conocimiento e información del que disponemos,  evaluar éticamente a un individuo por su capacidad de raciocinio o de comunicación, es completamente incongruente e injusto. Lo que debe prevalecer es la capacidad de sentir de un ser. Debemos valorar si es ético seguir usando a los animales para beneficio propio, sabiendo que padecen, que sufren, que sienten emociones, que muchos tienen estrechas relaciones familiares, que se estresan, que se deprimen, que tienen deseos propios… en definitiva, no son tan diferentes a los humanos como queremos creer.

 Amar a unos animales y rechazar a otros también es especismo. En occidente (en algunos países más que en otros) ha aflorado la empatía por algunos animales como perros y gatos. Sus propietarios los tratan como un miembro más de la familia, sin embargo estas mismas personas que aman a sus mascotas, no sienten  la más mínima empatía o remordimiento al comerse un cerdo, cuya inteligencia es superior a la de los canes y tan cariñosos y fieles como ellos. El trato que damos a los animales es indicador del desarrollo social de una población. Si queremos alcanzar un estatus de desarrollo respetable debemos empezar a cambiar nuestra concepción hacia los animales no humanos, despojarnos de nuestros prejuicios y abrazar nuevos conceptos e ideas. Hemos de cambiar nuestro modelo ético antropocentrista por un modelo sensocentrista, donde lo que prevalezca sea la capacidad de sentir de un ser y no la pertenencia a una especie determinada.  Debemos aumentar nuestra capacidad empática hacia otros individuos, mejorar nuestro grado de desarrollo moral como sociedad.

 Cada año son asesinados 60.000 millones de animales para consumo humano, 115 millones de vertebrados son utilizados para experimentación en beneficio de los humanos, por no hablar de otros tipos de maltrato; por ejemplo, solo en España se abandonan anualmente 105 mil mascotas, etc . Este exterminio, este holocausto, este maltrato, no tiene justificación alguna. Si habláramos de cifras humanas nos parecería aberrante, inaceptable, sin embargo hablamos de animales y a  esta sociedad especista , demente, enferma de egocentrismo y egoísmo  prefiere  emular a Poncio Pilato, lavarse las manos y mirar hacia otro lado… ojos que no ven, corazón que no siente.

“Llegará el día en que el resto de la creación animal podrá adquirir esos derechos que nunca pudieron ser alejados de ellos más que por la mano de la tiranía” Jeremy Bentham (filósofo)

Equipo A.M.A.P

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