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Con la llegada del frío, la búsqueda de un buen edredón para poder paliar las bajas temperaturas y dormir calentitos se convierte casi en una compra obligada.

Hay edredones de plumas y edredones sintéticos.

¿Cuál comprar? La respuesta es fácil: pongámonos en el lugar de la víctima y obtendremos fácilmente la respuesta.

La mejor opción es no comprar nada que esté hecho con material proveniente de animales, vivos o muertos.

Muchos defienden la inocuidad de estos productos pues aseguran que las plumas se extraen cuando los animales están muertos. Aunque así fuera, se está contribuyendo de manera directa al comercio de la explotación de los animales, y dando dinero a empresas con muy pocos escrúpulos.

Los edredones, las almohadas o los plumones que no sean sintéticos y que usamos para abrigarnos provienen de las plumas extraídas de las ocas y gansos, vivos y/o muertos.

Si nos planteamos por un momento la enorme demanda mundial de cualquiera de estos productos, imaginaremos con facilidad la terrorífica cifra de millones de animales maltratados y torturados por satisfacer una necesidad humana fácilmente remplazable por otras opciones mucho más respetuosas y éticas.

Es fundamental preguntarnos de dónde proviene lo que consumimos y compramos y de qué manera se han obtenido los materiales que componen dichos productos.

En muchas ocasiones, inconscientemente, contribuimos de forma directa a hechos aberrantes lucrando a negocios cuya existencia debería estar prohibida.

Asoc. A.M.A.P