banner-elegido-2014

Si hay una palabra que debería  producirnos escalofríos en determinados contextos, es la palabra tradición, particularmente cuando es esgrimida como argumento en defensa de la barbarie.

Una sociedad moderna y evolucionada, bajo ningún concepto puede permitir la celebración y práctica de “tradiciones” en las cuales se vulnere la integridad o la vida de ningún ser vivo.

El hecho de  mantener arraigada una costumbre durante siglos, no nos  exculpa del daño que infligimos, no nos confiere derecho a maltratar, matar y ultrajar a un ser sintiente. Todo lo contrario, cuanto más se obceca una sociedad  en la celebración y defensa de tales crímenes, a los que se empeña en llamar cultura; cuanto más se empecine en seguir perpetrando una “tradición” que conlleva a un ser indefenso dolor, menosprecio y a menudo la muerte, más demuestra su estupidez, su limitación y su ignorancia. Demuestra que nos encontramos ante una sociedad retrógrada, anclada en costumbres primitivas, con incapacidad para empatizar con individuos diferentes a los de su propia especie. Son lastres, grupos residuales que entorpecen el desarrollo moral y la evolución de la sociedad.

Conviven con tales costumbres desde la infancia, las comparten con la familia y los amigos, les generan emociones y sentimientos y por ello se niegan a la objetividad,  a pensar más allá de lo establecido en su círculo social. Se escudan en la generación de su propio bienestar en detrimento del bienestar común, de los valores de convivencia, tolerancia e igualdad hacia cualquier ser vivo. Cegados, incapaces de aceptar que esas costumbres no tienen cabida en el siglo XXI. Atacando, incluso físicamente, a todo aquel que piensa diferente, a aquellos que encontramos inaceptable la coartación de la libertad, salud y/o vida de un individuo independientemente de su especie.

Pero el problema no es causado solamente por aquel que defiende la tortura como forma de diversión, lo origina todo aquel que no condena esta conducta. La falta de replanteamiento, la normalización y la justificación de la barbarie, por ser barbarie conocida, por estar integrada en nuestra vida como algo natural; como si no dependiera de cada uno de nosotros discernir sobre nuestros actos, ya sean individuales o sociales. Disfrazar la crueldad de cultura, no escandalizarse ante la injusticia, ante el abuso, ante el sufrimiento ajeno. El silencio legitima estos actos y por lo tanto te convierte en cómplice del terror, te convierte en el problema.

Es momento de reflexión,  de que cada uno haga una introspección, de ponerse en la piel de la víctima, de una víctima que siente el dolor de la misma forma que lo hacen los humanos, una víctima que también siente el miedo y la tristeza,  y que tiene nombre propio: Elegido. Él aún no lo sabe, pero el próximo día 16 de septiembre, la muchedumbre sedienta de sangre lo conducirá desde la Calle Empedrado en el municipio de Tordesillas hasta el Campo del (Des) Honor, donde será lanceado por cobardes hasta la muerte. Allí para regocijo de la turba cateta, sus patas flaquearán y caerá al suelo. Ya no se levantará más, encontrará la muerte, una muerte agónica y baldía y tú estarás en el bando de los que alzamos nuestra voz para denunciar esta locura o en el bando de los asesinos que la perpetran.

Equipo A.M.A.P

4.96 avg. rating (95% score) - 23 votes