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Toxoplasmosis
Un estudio realizado en 2010 indica que un 6,4% de los abandonos de mascotas se encuentran motivados por un embarazo y la consiguiente llegada de un bebé humano a la familia.
El estudio cuantifica los abandonos tanto de gatos como de perros, pero si nos centráramos solo en los relacionados con los felinos, sin duda el porcentaje se incrementaría notablemente. Para las asociaciones y protectoras de animales, desgraciadamente es muy común recibir e-mails de personas que ya no quieren seguir haciéndose cargo de su gato a causa de un embarazo. El miedo al contagio de la toxoplasmosis es una de las excusas más comunes. La desinformación unida, en muchos casos, a médicos que, por falta de actualización profesional y sensibilización con la lacra del abandono, aconsejan a sus pacientes deshacerse de sus gatos como medida preventiva para evitar el contagio de la toxoplasmosis, hace que anualmente cientos de gatos se vean de la noche a la mañana despojados de su hogar y del cariño de su familia.
Sin embargo la solución está en la información de la enfermedad y su correcta prevención.

¿Qué es la toxoplasmosis?
Es una enfermedad infecciosa, originada por el parásito Toxoplasma gondii. Es una zoonosis, es decir que puede transmitirse de animales a seres humanos. Puede ser peligrosa únicamente en personas cuyo sistema inmunológico es más frágil, como ancianos, recién nacidos o fetos en caso de que la madre contraiga la enfermedad. Para el resto de personas, normalmente los síntomas son muy parecidos a los de una simple gripe.

Vías de contagio
La vía de contagio más común, es la ingesta de agua o alimentos contaminados: carne cruda o poco cocinada, embutidos, frutas y verduras mal lavadas. En el suelo, donde también encontramos el parásito en grandes cantidades, manipular la tierra con las manos desnudas y no tomar precauciones higiénicas, puede ser motivo de contagio. Por último, otro de los medios de contagio son los gatos.
Para que un gato pueda contagiar la toxoplasmosis a un humano, primero debe contagiarse. Para ello debe comer carne cruda, ya sea proveída por su dueño o saliendo al exterior y cazando otros animales. Un gato casero que no salga al exterior y no coma carne cruda no puede contagiarse.
En caso de que el gato se contagie, solo puede trasmitir la enfermedad a través de sus heces. El gato incuba el parásito entre 3 y 20 días y solo durante 3 o 4 semanas expulsará heces con parásitos. Estas heces solo serán infeccionas entre 24 y 48 horas después de la defecación así que, limpiando el arenero diariamente, reducimos muchísimo la posibilidad de contagio. Después de eso, aunque el gato se vuelva a infectar, no volverá a excretar heces infecciosas nunca más.

Consecuencias de la infección intrauterina
En caso de contagio del feto, las consecuencias pueden ser muy graves para éste. Cuanto más avanzado está el embarazo más posibilidades hay de que el feto contraiga la enfermedad.
Posibilidades de contagio del feto durante el embarazo:
-Primer trimestre del embarazo: 15%
-Segundo trimestre del embarazo: 30%.
-Tercer trimestre del embarazo: 60%
Sin embargo, en caso de infección, las consecuencias para el feto son más graves en la primera etapa del embarazo.

Tratamiento
Generalmente se prescribe perimetamina combinada con sulfadiazina y ácido polínico.
Las personas infectadas cuyo sistema inmunológico es normal, normalmente no requieren tratamiento, a menos que presenten síntomas graves.
Para las mujeres gestantes, existen medicamentos que pueden ayudar a detener la infección para evitar daños al feto. Para ello es importante analizar previamente los posibles efectos secundarios del tratamiento sobre el feto y su madre.

Prevención en la convivencia con gatos
-No hay que permitir al gato salir al exterior, tanto por su seguridad como para evitar el contagio de varias enfermedades como la toxoplasmosis.
-No darle carne cruda para comer
-Es preferible que la persona embarazada se abstenga de limpiar el arenero del gato, si ninguna otra persona en el hogar pudiese encargarse de esta tarea, recomendamos limpiar el arenero diariamente y lavarse siempre las manos después de hacerlo, para evitar llevarse la mano a la boca y posibilitar el contagio. Por tanto, con la más simple medida de higiene posible (el lavado de manos después de limpiar el arenero o usando guantes), evita infectarse del parásito.

Siguiendo estas pautas se reducen significativamente las posibilidades de contagio posibilitando con ello una convivencia completamente normal entre el gato y su familia, evitando así abandonos indeseados e injustificados.

Equipo A.M.A.P

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