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Estamos de luto desde que hemos tenido conocimiento, hace unos días, de la noticia de la muerte de la activista Julia Colle. Ésta nos ha dejado consternados, sin habla,  llenos de indignación e inmersos en una enorme tristeza.

El pasado 18 de octubre de 2013, un centenar de activistas entraron en las instalaciones del instituto Royal, en la ciudad de San Roque (São Paulo-Brasil) y liberaron a más de 200 perros que eran utilizados para experimentación, entre estas activistas estaba Julia. Apenas un mes después, la han encontrado ahorcada en su habitación.

La primera hipótesis de la policía apunta al suicido, pero sus allegados niegan tal posibilidad. El caso está lleno de incongruencias y aspectos sospechosos, como el hecho de que la cuerda con la que supuestamente se ahorcó, tuviera un nudo marinero perfecto, propio de un experto. Pero, ¿quién querría hacerle daño a Julia? ¿Qué repercusiones tendrá su muerte?

El activismo social, concretamente el relacionado con la defensa de los animales o del medio ambiente, están social, institucional y políticamente criminalizados. En muchas ocasiones las denuncias de los grupos activistas chocan frontalmente con intereses económicos, ligados a su vez con intereses políticos. En definitiva, los activistas son un engorro para muchas empresas y políticos.

Julia ha muerto en extrañas circunstancias, la versión oficial difundida es la del suicidio. Su muerte será una noticia efímera. Los medios de comunicación, propiedad del sistema económico, se encargarán de ello, se encargarán de decirle a la sociedad que Julia se suicidó, se encargarán de desprestigiarla alegando que era una joven con problemas de drogas, igual que se encargan de desprestigiar a organizaciones y a activistas pacíficos, que luchan por hacer de este mundo un lugar mejor. Dos claros ejemplos han sido la inclusión de PETA en la lista de grupos terroristas de EE.UU o la detención de 28 compañeros de Greenpeace a manos del gobierno ruso, por atentar contra los intereses de Gazprom, la compañía más importante de Rusia y el mayor extractor de gas natural en el mundo.

En la sociedad en la que vivimos, manda el dinero. Apoyar una causa que vaya en contra del sistema económico, es peligroso. Nadie te apoya, estás solo.

El planeta está enfermo. La avaricia, la codicia y la ignorancia humana, lo está matando. Los animales que en él habitan están sufriendo, padecen nuestro maltrato,  nuestra caza indiscriminada,  la destrucción de su hábitat, los esclavizamos, nos los comemos, los usamos para nuestras “tradiciones” y diversiones…

Pero hay esperanza… Algunas personas hemos oído su llamada de auxilio, sus gritos martillean nuestro ser, los llevamos dentro y no podemos acallarlos, no podemos ignorarlos, sufrimos con ellos y lucharemos por ellos, sabemos que de nuestros actos dependen la vida del planeta y de aquellos inocentes que lo habitan. Seguiremos alzando nuestra voz, seguiremos exponiendo nuestras vidas, igual que lo hizo Julia Colle, Chico Mendes, Dian Fossey, Chut Wutty, Jill Phipps, Fernando Pereira, Juventina Villa Mojica, Jairo Mora, Eva Alarcón, Marcial Bautista y Don Trino de la comunidad de Xayakalan o el biólogo español Gonzalo Alonso Hernández y muchos otros cuyos nombres cayeron en el anonimato y que perdieron la vida defendiendo la de otros.

Este post va dedicado a la memoria de nuestra compañera Julia y a tantos otros humanos de verdad que supeditan su existencia por privilegiar algo que va desapareciendo: la conciencia y los valores de justicia e igualdad.

Esas personas que se ignoran, están salvando el mundo” Jorge Luís Borges

Equipo A.M.A.P